El Rey e o plebeu

A política ibérica sempre teve uma zona cinzenta onde a diplomacia, o futebol e a suspeita se confundem. Depois de Portugal ser eliminado pela Espanha sob o comando de um selecionador espanhol, bastava um telefone tocar para a derrota deixar de parecer apenas tática e começar a soar a conspiração.

Do outro lado da linha, o rei Felipe VI; deste lado, Roberto Martínez — ou, pelo menos naquela noite, “Pepe”, nome de código de um homem obrigado a explicar no seu portunhol por que razão quase todas as suas decisões pareceram favorecer o país onde nasceu.

O telefone tocou poucos minutos depois de Roberto Martínez ter terminado a conferência de imprensa. No ecrã aparecia: Número privado.

Atendeu.

— ¿Pepe?

— ¿Quién fala?

— Aquí Felipe.

— ¿Felipe quién?

— Sexto.

Roberto levantou-se imediatamente.

— ¡Majestade!

— Tranquilo, Pepe. La llamada es segura.

— Perdón, Majestade, pero eu no soy Pepe. Soy Roberto.

— Esta noche eres Pepe.

— Majestade, eu gostaria de dejar muy claro que soy el seleccionador de Portugal.

— Eras, Roberto. Eras.

— Eu dei tudo por la selección portuguesa.

— Lo sé. Precisamente por eso te llamo. Para darte las gracias.

— ¿Agradecer-me qué?

— La estrategia.

— ¿Qué estrategia?

— Dejar a Gonçalo Ramos en el banquillo.

— Fue una decisión táctica.

— Naturalmente. Había marcado el gol de la victoria contra Croacia. Se estaba volviendo peligrosísimo.

— ¿Para España?

— Exactamente.

— Majestade, eu no podia retirar Cristiano Ronaldo.

— ¿Ni con cuarenta y un años?

— Cuando una equipa precisa marcar, no puede tirar el melhor marcador.

— Lo comprendo. En España también conservamos los grandes monumentos. Pero, de vez en cuando, los cerramos por mantenimiento.

— Cristiano estava fisicamente preparado.

— Lo vi. Estuvo noventa minutos perfectamente conservado.

— Ele podia decidir el jogo en una jugada.

— Podía. Y Gonçalo Ramos podía decidirlo en varias. Afortunadamente, no quisiste correr ese riesgo.

— Esa es una interpretación muy injusta.

— Roberto, soy rey. La interpretación injusta forma parte de la descripción del cargo.

— Portugal hizo un jogo muy corajoso.

— Sobre todo Diogo Costa. Si no llega a ser por él, te habría llamado antes del descanso.

— Nós defendemos con mucha personalidade.

— Defendisteis tanto que, por momentos, pensé que Portugal estaba protegiendo el resultado de España.

— Tivemos oportunidades.

— Sí. Fueron muy discretas. Casi confidenciales.

— La bola podia ter entrado.

— Pero no entró.

— Fueron detalles.

— Claro. En España los llamamos goles.

Roberto respirou fundo.

— Majestade, nós jogámos olhos nos olhos.

— Sí. Pero rematasteis pies contra pies.

— Tínhamos un plano.

— ¿Defender con balón?

— Exactamente.

— Roberto, ¿eso era realmente un plan o una frase que inventaste porque no sabías cómo defenderlo?

— Las dos cosas.

— Al menos eres sincero.

— Las dos equipas son melhores cuando tienen la bola.

— De acuerdo. Por eso nos quedamos con ella al final.

— Nos faltó suerte.

— También estoy de acuerdo. Sobre todo a nosotros. Tuvimos la suerte de enfrentarnos a Portugal el día en que elegiste a João Félix en lugar de Rafael Leão.

— João Félix conoce muy bien el futebol español.

— Lo conoce tan bien que no quiso causar problemas a sus antiguos compañeros.

— Rafael Leão podia entrar mais tarde.

— ¿Y entró?

— Eu estava avaliando el momento.

— Roberto, el fútbol dura noventa minutos. No es una comisión parlamentaria.

— Fizemos substituciones.

— Nuno Mendes se lesionó. Esa estabas obligado a hacerla.

— Eu também pensei en Gonçalo Ramos.

— Pensar no cuenta como sustitución.

— Talvez no prolongamento…

— No hubo prórroga, Pepe.

— Roberto.

— Perdona. Es el entusiasmo patriótico.

— Eu esperava levar el jogo para el prolongamento.

— Lo comprendimos. Por eso marcamos en el minuto noventa y uno.

— Merino apareció en un momento difícil.

— Merino salió del banquillo, Roberto. Es algo que hacen los entrenadores: ponen jugadores frescos cuando los que están en el campo se cansan.

— Eu conheço el concepto.

— Teóricamente.

Fez-se um silêncio.

— Majestade, espero que no esteja insinuando que eu favoreci España.

— Por supuesto que no. Si hubieras querido favorecer a España, habrías mantenido a Cristiano durante todo el partido, dejado en el banquillo al delantero que había marcado contra Croacia, hecho tarde los cambios y explicado la derrota hablando de mala suerte y pequeños detalles.

— Fue exactamente lo que aconteceu.

— Qué coincidencia tan extraordinaria.

Roberto caminhou até à janela.

— ¿Por qué me llama Pepe?

— Es tu nombre en clave.

— ¿Nombre en código?

— “Pepe”: portugués por fuera, español por dentro.

— Eso es absurdo.

— Yo también lo pensé. Hasta que vi la alineación inicial.

— Majestade, quero que saiba que tenho la conciencia tranquila.

— Cristiano también dijo eso. Parece ser lo único tranquilo que queda en Portugal.

— Fizemos un gran percurso.

— Claro.

— Ganámos una Liga de las Naciones.

— Contra España.

— Precisamente.

— Por eso teníamos una deuda contigo.

— Eu no quero nenhuma recompensa.

— No será una recompensa. Solo un pequeño homenaje.

— ¿Qué homenagem?

— La Orden de Isabel la Católica.

— Majestade, eso seria un escándalo.

— Tienes razón. Te enviaremos solamente una caja de merengues.

— Muy engraçado.

— Merengues, Roberto. Como el autor del gol: Merino. En Madrid apreciamos los juegos de palabras y los entrenadores conservadores.

— ¿Posso fazer una pergunta?

— Claro.

— ¿El seleccionador español sabe de esta llamada?

— ¿Luis de la Fuente?

— Sí.

— Está aquí a mi lado.

Ouviu-se ao fundo uma voz:

— ¡Gracias por no poner a Gonçalo Ramos!

Roberto fechou os olhos.

— Majestade, eu vou desligar.

— Un momento, Pepe.

— ¡Roberto!

— Queda una última cuestión de Estado.

— ¿Cuál?

— ¿Jorge Jesus va realmente a sustituirte?

— Eso parece.

— Qué preocupación.

— ¿Para España?

— Enorme. Ese sí hace sustituciones.

A chamada terminou.

Roberto Martínez ficou alguns segundos a olhar para o telefone. Depois abriu o relatório do jogo e escreveu:

“Portugal perdió por detalles.”

O telefone voltou a tocar.

Era Gonçalo Ramos.

Roberto olhou para o relógio.

Decidiu atender no prolongamento.


Receber mais histórias de lá e de cá

insere o teu e-mail e carrega no botão “Subscrever”


Comentários

Tem opinião sobre isto?

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.